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Problemas de alcoholismo Alcoholismo una Enfermedad El alcoholismo, a diferencia del consumo excesivo e irresponsable de alcohol, ha sido considerado en el pasado como cosa de brujería, hechizo o posesión diabólica. Actualmente se le ha considerado como un síntoma de estrés social o psicológico, atribuible a las excesivas cargas de trabajo y de tensión que rayan en una neurosis latente reprimida o explosiva, o como un comportamiento inadaptado, aprendido o heredado. A finales del siglo XIX, al alcoholismo se le definió por la Organización Mundial de la Salud, y quizá de una forma más acertada, como una enfermedad, compleja en sí, y con la identificación de una sintomatología y consecuencias. Es una enfermedad que no tiene cura, pero al igual que otras, como la diabetes o el cáncer se puede detener. Este padecimiento se desarrolla a lo largo de varios años, por lo que se considera de una característica progresiva. Entre los primeros síntomas muy sutiles se reconoce la preocupación de la persona por la disponibilidad de alcohol, lo que influye en la decisión por parte del individuo al seleccionar sus amistades o actividades. Hay casos en los que este tipo de personas elige hacer deporte los sábados o domingos motivados más por la borrachera después del juego que por el amor a la camiseta. La progresión alcohólica se va detectando con el paulatino, pero constante aumento en la cantidad de bebida, y las ocasiones más frecuentes para emborracharse. Las personas con la tendencia al alcoholismo al principio muestran un alto grado de resistencia al alcohol, siendo los que más beben y los últimos en caer. Pero al paso del tiempo -poco para unos, mucho para otros- un par de copas es suficiente para dejarlos fuera de combate. Al principio, el alcohólico puede aparentar alta tolerancia al alcohol, consumiendo más de una manera compulsiva, y mostrando menos efectos nocivos que la población normal. Sin embargo, más adelante el alcohol comienza a cobrar más importancia en las relaciones personales, el trabajo, la reputación y dignidad y en la salud física y mental. A estas alturas, el enfermo de alcoholismo ya ha perdido la partida, se le va de las manos el control sobre el alcohol, y es incapaz de moderar su consumo o de evitarlo. Esta incapacidad para controlar o evitar la bebida se debe a otro síntoma de esta enfermedad, la alergia orgánica que se despierta en el cuerpo al contacto con la primera copa que le exige beber más. Con el paso del tiempo, el alcohólico puede llegar a desarrollar un alto grado de dependencia física que lo obliga a beber continuamente para evitar el síndrome de abstinencia. Se convierte en víctima de una obsesión tan sutilmente intensa, que ningún poder humano puede destruir. El Dr. E. M. Jellinek*, quien perteneció a la Organización Mundial de la Salud y fue ampliamente reconocido como una autoridad en alcoholismo en la década de los cincuentas, realizó extensas investigaciones llegando a la descripción de "las cuatro fases del alcoholismo". Sus descubrimientos se basaron en el análisis de los síntomas y en la manera de beber en más de dos mil individuos catalogados previamente como alcohólicos. El Dr. Jellinek señala que en la primera fase, la "pre-alcohólica", el candidato adicto descubre en la bebida un "alivio compensador". Este "alivio" es muy marcado en su caso porque sus tensiones, producto de sus miedos mentales, son mucho más exagerados respecto a los de sus amigos de su círculo social, y son superiores a sus fuerzas por no tener el valor de enfrentarlos."En esta etapa del alcoholismo es posible que el bebedor no se dé cuenta de su especial reacción al alcohol. Tal vez beba ocasionalmente para aliviar su tensión". En la segunda etapa de esta enfermedad, hace su aparición un caso desconocido para él: las "lagunas mentales". Puede tener la información mental mientras está bebiendo, pero llegará el momento en que no podrá recordar lo vivido durante cierto período. "En esta etapa es cuando generalmente cuando se empieza a beber a escondidas, a pensar en el alcohol gran parte del tiempo y a sentir culpabilidad por la bebida". Tal vez no se note la manera anormal y compulsiva de beber del individuo, aunque ya le esté afectando su salud física y mental; sin embargo, todavía puede estar en condiciones de entender que está empezando a tener problemas con el alcohol, "puede representar un momento crítico en donde la intervención médica podría ser especialmente provechosa, los conocimientos que tenga el médico de la naturaleza progresiva de la enfermedad, pueden aplicarse para la transición a la otra etapa", nos dice el Dr. Jellinek. La etapa "decisiva o aguda" del alcoholismo se presenta de acuerdo con los estudios del Dr. Jellinek, cuando el individuo comienza a perder el control de su manera de beber. "La bebida desata reacciones en serie que el alcohólico perciba en forma de una exigencia física de alcohol. En esta etapa, el bebedor puede dejar de beber y puede controlar durante breves periodos su manera de hacerlo. Sin embargo, frecuentemente es difícil de tratar, porque todavía no ha admitido que su manera de beber es un problema. Todavía cree, que en un futuro indefinido su manera de beber podrá ser dominada y controlada. Empieza a buscar justificaciones a su manera de beber, culpando a otros de sus excesos. Su vida empieza a girar alrededor del alcohol y se torna cada vez más desorganizada. Tal vez, empiece a recurrir a la bebida desde que despierta. Hasta ahora el alcohólico ha estado luchando para no perder su control del alcohol. Ha estado tratando de guardar las apariencias y de conservarlas en su vida social". Pero, conforme va entrando en la cuarta y final etapa del alcoholismo, al individuo ya no le preocupa guardar las apariencias. "El alcohol ha logrado dominarlo, se rinde totalmente, porque necesita del alcohol para sostenerse. Deja que se desmorone toda la estructura de su vida. Puede tener sueños vagos e imprácticos del futuro, pero ya no tiene el deseo ni la capacidad para regresar sin ayuda". El alcoholismo, como toda enfermedad, tiene sus síntomas muy específicos y detectados, que son comunes en un elevado porcentaje de alcohólicos. Uno de estos síntomas es el de buscar la bebida más por el efecto que el alcohol causa en la mente y cuerpo que por el sabor. Ya no busca la bebida para paladear, ni para refrescarse del calor o como aperitivo, sino que la busca y consume por el agradable efecto desinhibidor que produce. Un efecto que es bálsamo para sus angustias, temores e inseguridades. Un efecto que lo hace ser lo que sobrio no puede llegar a ser. Un efecto que lo transporta a un mundo de fantasía en el que no existen problemas, ya que "mañana lo voy a resolver". Pero el mañana es un tiempo que siempre está viniendo pero nunca llega, porque cuando llega ya es hoy, por lo que los pendientes se van acumulando, y la apatía lo va agobiando, lo que lo hace recurrir a la muleta para subsistir, el alcohol. Y va de nuevo, otra vez el agradable efecto que lo transporta a la fantasía que le "soluciona el problema" alejando la angustia que lo aquejaba. Y como esos se pueden citar otros síntomas como son: un ego anormal que no permite la entrada a la humildad, la mentira y el engaño en especial el autoengaño, la manipulación de la gente y hasta de los acontecimientos, el chantaje emocional para la consecución de caprichos, un gran egoísmo mediante el cual el alcohólico se sirve con "la cuchara grande" y deja las sobras para las personas que viven con él. Culpar a otras personas de su lamentable situación, grandes dosis de inseguridad, temores y miedos mentales, depresión, conmiseración, arranques de ira ante los más débiles, soledad etc. Uno de los síntomas más característicos que retrasan la rehabilitación de un enfermo de alcoholismo es la negación. Mediante la negación, el individuo, de quien todo mundo a su alrededor ya se ha dado cuenta de que tiene problema con su manera de beber, es incapaz de admitirlo o aceptarlo, ya que el primero en engañarse es él mismo, con pretextos y justificaciones que le darán la razón y, por consecuencia, la aceptación de que tiene problemas. Es cuando se le escucha argumentar: "Yo estoy bien, no tengo problemas, ustedes son los que están errados, porque no me entienden. Y en muchos casos es la misma familia la que colabora para ocultar lo que para ellos es una vergüenza, o convencidos por los argumentos del enfermo, retrasando de esta manera la detección personal de su enfermedad. Al ser incapaz de detectar su problema, mucho menos tendrá la posibilidad de aceptarlo, con lo cual obtendría el 50% de su recuperación. El Dr. Harold Novell**, catedrático de la Universidad de Medicina de Nueva York, señaló en una memoria presentada ante la Academia Americana de Medicina General en el año de 1953, los tres peligros principales del alcoholismo: 1.- Degeneración de los órganos físicos.- Cirrosis hepática, enfermedades cardiovasculares, afección del sistema nervioso conduciendo a efectos tales como el llamado "cerebro húmedo", desórdenes espasmódicos y neurosis. 2.- Desorden de la personalidad.- El alcohólico se vuelve irresponsable e indigno de confianza. Actúa en una forma inmadura, excesivamente sensitivo e irritable y actúa de mala fe en el trato con su familia, amigos, jefes y hasta con su médico particular. 3.- Complicaciones sociales.- Afectan a toda la comunidad, la vida de la familia se quebranta y se desintegra el hogar. El alcohólico se convierte en una carga para sus conciudadanos y tiende a tener dificultades con la ley. De esta manera, el Dr. Novell describe de una manera clara y precisa la forma como el alcoholismo afecta la integridad fisiológica del individuo, su integridad mental y la forma tan irresponsable en que afecta a su familia, amigos, relaciones laborales y sociales. La Organización Mundial de la Salud dictaminó la enfermedad del alcoholismo como de triple daño, ya que afecta el cuerpo, la mente y el espíritu. De la parte física ya hemos tratado, resumiendo: en la alergia que se despierta al hacer contacto con el alcohol, la cirrosis, los males nerviosos y cardíacos, etc. De la parte mental también ya hemos tocado ese punto, resumiendo: la obsesión por beber, las "lagunas mentales", el conjunto de síntomas que caracterizan la enfermedad la manipulación, chantaje sentimental, inseguridad, miedo, infantilismo, egoísmo, soledad, resentimientos, etc. La parte espiritual, el daño que ocasiona el alcohol en esta parte del individuo, es que el enfermo alcohólico comienza a apartarse de las enseñanzas que recibiera en el seno familiar, acerca de un Poder Superior, blasfema y lo maldice, ya que no le cumple sus deseos como él quiere y en el momento y forma que demanda y exige. Comienza a echarle la culpa de su desgraciada vida y a negar su existencia. Resentido con el Dios de sus padres se aparta de sus caminos. Esto ocasiona que los valores morales y espirituales, aprendidos en alguna ocasión, se distorsionen al grado de que robar, violar, hacer sus necesidades en la vía pública e incluso matar no tengan para él la importancia que alguna vez tuvieran en su vida. Comienza el vacío espiritual, que es substituido con más alcohol y egocentrismo. De esta manera el alcohólico se convierte en el Dios de su propio Universo. Por eso el título de este artículo "El Alcoholismo como Problema Social", por ser una enfermedad que destruye las relaciones personales, familiares, laborales y sociales. Una enfermedad que afecta a todas las personas que conviven con un alcohólico, quienes también comienzan a padecer y demostrar los mismos síntomas: soledad, ira, conmiseración, depresión, inseguridad temor, manipulación, mentira y engaño, etc., con la excepción de que pueden beber normalmente licor o cerveza sin que se manifiesta la alergia orgánica, ni la obsesión por beber. Tengamos con nuestros hijos pláticas honestas y profundas. Estemos alerta de sus horas de llegada y del estado en que llegan. Averigüemos un poco más de las personas con las que acostumbran acompañarse y de los lugares a donde van. Tengamos presente siempre que existe un lugar, llamado por el Papa Juan XXIII, "El milagro del siglo XX", que es Alcohólicos Anónimos, en donde se le puede pasar el mensaje a un familiar o amigo, para ayudarlo a detener su enfermedad. Recordemos también que existen lugares para los familiares o cualquier persona que sufra a causa de su relación con un alcohólico, como son los grupos de Alanón para adultos y Alateen para jóvenes. Nosotros tenemos la obligación, como padres, de sembrar en nuestros hijos la semilla de una vida honesta y útil. Porque nadie hará por nosotros lo que nos corresponde hacer. No permitamos que nuestros hijos caigan en las garras del exceso y del libertinaje, estemos alertas para brindarles nuestro apoyo con el mensaje de vida de A. A. Autor, Raúl Barrera Rodríguez. Mérida, Yuc., octubre de 2002 |