Pero la gente siguio pidiendo más prueba que Jesús era de Dios. Ellos dijeron, "Nuestros antepasados comieron maná en el desierto. Esta escrito en las Escrituras, 'Él les dio pan del cielo para comer.'" Jesús contestó, "El pan de Dios es Él, quién baja del cielo y le da vida al mundo." Las personas dijeron, "Señor, danos este pan siempre." Jesús contestó, "Yo soy el pan de vida: él que viene a mí nunca tendrá hambre; Él que cree en mí nunca tendrá sed." Jesús profetizó que Él sufriría muchas cosas y sería rechazado por los lideres, los principales sacerdotes, y los escribas, y que lo matarían, y resucitaría de la muerte en el tercer día.

La mayoría de los líderes religiosos y políticos rechazáron las enseñanzas de Jesus. Sin embargo, un Fariseo llamado Nicodemo, vino a ver a Jesús de noche, buscando la verdad.

Jesús le dijo, "A menos que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios."

Nicodemo preguntó, "¿Cómo puede nacer un hombre viejo? Puede entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?" Jesús explicó, "Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. Ustedes no deben asombrarse que Yo dije, 'Deben nacer de nuevo.'" ¿Nicodemo le dijo, "Cómo pueden ser estas cosas?" Jesús lo regañó por enseñar religión cuando él no entendiá las verdades espirituales. Entonces Jesús explicó el nacimiento espiritual. "Pero Dios amó al mundo tanto que Él dio a Su único Hijo engendrado, que cualquiera que cree en Él no debe perecer, si no que obtiene la vida eterna.

Dios no envió a su Hijo al mundo a condenar el mundo; Él lo envió para que el mundo pudiera ser salvado.

La condenación real es esta: la luz entró en el mundo, y la humanidad amó la oscuridad en vez de la luz porque sus hechos eran malos. Él que cree en el Hijo tiene la vida eterna: y él que no cree en el Hijo, no vera la vida; y la ira de Dios se mantiene en contra de él." Finalmente Nicodemo entendió y creyó.

A una mujer extranjera, Jesús dijo, "Cualquiera que beba el agua que yo doy nunca tendrá sed; Será un pozo de agua dentro de él, saltando a la vida eterna."
La mujer dijo, "yo sé que el Mesías vendrá, quién se llamará Cristo. Cuando Él venga, Él nos dirá todo."

Jesús le dijo, "Yo soy ese Mesías, que hablo contigo." Después, Jesús le enseñó a la gente, diciendo, "Si alguien quiere seguirme, niegúese el mismo, y sígame. En qué le beneficia a una persona ganar la riqueza del mundo entero y perder su propia alma? Tengan cuidado! Tengan cuidado con la avaricia: pués la vida de una persona no consiste en la abundancia de cosas que él posee, pués dónde está su tesoro, allí su corazón también está."

Entonces los principales sacerdotes y los Fariseos se reunierón, y dijerón, "Qué vamos hacer? Este hombre está realizando tantos milagros. Si le permitímos continuar, todos creerán en Él: y entonces los Romanos revocarán nuestro derecho a controlar la gente."

Entretanto, Jesús enseñó con gran autoridad. Él entró en el templo y tiró a los comerciantes que estabán allí, comprando y vendiendo. Él les dijo, "Esta dicho en las Escrituras, 'Mi casa es la casa de oración: pero ustedes la han hecho una cueva de ladrones.'"

Y Él enseñó diciendo, "Éste es el testamento de Él que me envió, que todos los que crean en el Hijo puedan tener vida eterna, y Yo levantaré de la tumba aquéllos que creen. Pero hay algunos de ustedes que no creen. Jesús supo desde el principio quiénes eran los que no creian, y quién lo traicionaría.
Había una raja entre las personas debido a Él. Entre los principales gobernantes, muchos creyeron en Él; pero por los Fariseos ellos no confesarón su creencia porque tuvieron miedo que serián expulsados de su posición religiosa. Ellos amaron la alabanza de los hombres más que el reconocimiento de Dios.